domingo, 15 de abril de 2012

Conociendo a Dios


CONOCIENDO A DIOS
Todo cristiano, si es fiel a lo que ello significa, ha de ser una persona que se entrega profunda y seriamente a conocer a Dios.  Si no se conoce a Dios en lo que Él  ha revelado de Sí mismo, no podemos decir que llevaremos una vida firme en la fe, y también es cierto que, el que no conoce a Dios no se puede conocer a sí mismo. 



Pero conocer a Dios implica saber quien es él, de qué está hecho, cuál es su esencia, lo que nos queda imposible.  Porque, por un lado, conocer a Dios desde nuestra realidad limitada y en una condición de pecado, no se logra y, por otro lado, lo que conocemos de Dios se logra en parte, desde Lo que quiso revelar en Su palabra de Sí mismo, esto es lo cognoscible, y en ello no está lo arquetípico de Su ser.  “Lutero habla repetidamente de Dios como del "Deus Absconditus (el Dios escondido) para distinguirlo del Deus Revelatus (el Dios revelado). En algunos pasajes hasta habla del Dios revelado, como que aún está escondido, en vista del hecho de que no podemos conocerlo plenamente ni siquiera por medio de su revelación especial” (Berkhof, L. 1972, p. 32).     
Lo que se puede conocer de Dios es porque Este lo ha comunicado, por tal motivo  el hombre no se quedó pasivo frente al saber de Su creador, si Dios se descubre al hombre de la fe, hay que abordar y apropiarse de Su verdad en el Espíritu (y siempre el trabajo de darse a conocer es de Dios y lo hace dinámicamente en su revelación especial: La Escritura), aquí es donde Berkhof (1972, 32) dice que la teología es posible. Entonces, las dos limitaciones anteriores no le detuvieron en la labor de adentrarse en el Eterno y Sublime, busca conocer a Dios” desde su particular condición, ha hecho un esfuerzo,  y a la pregunta,  ¿Qué es Dios? Da una respuesta sencilla, profunda y hermosa, aunque no completa del ser de Dios, pero en la que se puede entender “algo” de Dios: “Dios es un Ser existente en sí mismo y necesario; y se afirma de Él: I. Que Él es un Espíritu. II. Que como tal Él es infinito, eterno e inmutable. III Que Él es infinito, eterno e inmutable, (1) En su ser. (2) En todo lo que pertenece a su inteligencia, esto es, en su conocimiento y sabiduría. (3) En todo lo que pertenece a su voluntad, esto es, su poder, santidad, justicia, bondad y verdad.” (Catecismo de Westminster, pregunta 7).  Pero que significan los términos de la confesión: 
Dios es existente en Sí mismo y necesario, lo primero se conoce con el nombre de aseidad, Dios existe en sí mismo, es autoexistente, la razón última de las cosas, nada ni nadie le dieron origen y aunque pudiera decirse que él es la causa de él mismo, generaría problemas, porque Dios no tiene causa.  Esto no es sino que  Dios no necesita nada ni a nadie, depende de Sí. Dios es el único ser que tiene vida en Sí mismo (Jn 1:4 “en él estaba la vida”; Jn 5:26 “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”; Sal 36:9 “Porque contigo está el manantial de la vida”; Hechos 17:25 “ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”.). Berkhof anota que para los reformados este atributo es denominado independencia (1972, 32),  Grudem, Wayne (1994, 164) anota que “Dios por su aseidad o independencia no nos necesita a nosotros ni a nada del resto de la creación, sin embargo nosotros y el resto de la creación podemos glorificarle y proporcionarle gozo. A este atributo de Dios a veces se le llama existencia propia o aseidad (de las palabras latinas a se que quieren decir de sí mismo».  Y en cuanto a “necesario” hay que agregar con Berkhof que “Él existe por la necesidad de sí propio y por tanto, necesariamente. El hombre, al contrario, no existe necesariamente, y tiene la causa de su existencia fuera de sí mismo” (1972, 67).
Dios es Espíritu, eterno e inmutable… Dios es Espíritu dijo Jesús a la samaritana (Juan 4:24), dice Berkhof: “Dios tiene un Ser real, enteramente original y distinto del mundo, y que este Ser, verdadero o real, es inmaterial, invisible, y sin composición o extensión. En la espiritualidad se  incluye el pensamiento de que todas las cualidades esenciales que pertenecen a la idea perfecta del Espíritu se encuentran en Dios; y que El es un Ser consciente por sí y determinado por sí. Puesto que es Espíritu en el más absoluto y en el más puro sentido de la palabra, no hay en El composición de partes.” (1972, 62). 
Por todo esto, no podemos ver a Dios en su gloria, no podemos imaginarnos a Dios, hacerlo por analogía seria un error demasiado grande, porque nada hay que se compare con Él, conocemos lo que podemos abarcar con nuestro intelecto, pero para nosotros es imposible abarcar lo inabarcable, el trabajo de tener una imagen global de Dios es tarea perdida, abstraer a Dios para representarlo nos queda demasiado grande, sobre todo cuando no lo tenemos todo de Su ser en la Biblia, conocemos parte de lo que Dios es y ese conocimiento revelado es verdad, solo que no se halla completo.  Dios Espíritu es asomático, intangible, no percibible con los ojos del cuerpo, supera lo terrenal, trasciende la representatividad material.  Esta idea excluye toda  limitación espacial, tamaño o dimensiones definidas.  Dice Grudem, Wayne: “Así que Dios no tiene un cuerpo físico, ni tampoco está hecho de materia como el resto de la creación. Todavía más, Dios no es energía, pensamiento ni ningún otro elemento de la creación. Él no es como vapor, neblina, aire ni espacio, todos los cuales son cosas creadas; el ser de Dios no se parece a nada de esto. El ser de Dios ni siquiera es exactamente como nuestro espíritu, porque este es algo creado que evidentemente puede existir sólo en un lugar a la vez. En lugar de todos estos conceptos acerca de Dios, debemos decir que Dios es espíritu. Signifique lo que signifique, es una clase de existencia diferente a todo lo demás de la creación. Es una clase de existencia muy superior a toda nuestra existencia material… La espiritualidad de Dios quiere decir que Dios existe como un ser que no está hecho de materia alguna, no tiene ni partes ni dimensiones, nuestros sentidos corporales no lo pueden percibir, y es más excelente que cualquier otra clase de existencia” (1994, 192).
Pero es Espíritu infinito, Berkhor, Grudem y Hodge consideran que este atributo hace de Dios un ser que se halla libre de toda limitación, no esta limitado por el universo, por el tiempo, por el espacio.   Orr dice: "Quizá podemos decir que la infinidad en Dios es finalmente: (a) interna y cualitativamente, ausencia de toda limitación y defecto; (b) ilimitada potencialidad".  En este sentido de la palabra la infinidad de Dios es simplemente idéntica con la perfección del Ser Divino. La prueba escritural de lo anterior se encuentra en Job 11: 1 10; Sal 145: 3; Mat. 5: 48.
Berkhof y Grudem se igualan al decir que: La infinidad o Infinitud en relación con el tiempo se llama eternidad. Y agrega Berkhof: “La forma en que la Biblia describe la eternidad de Dios es simplemente diciendo que su duración abarca edades sin fin. Sal 90: 2; 102: 12; Ef. 3: 21. Debemos recordar, sin embargo, que al hablar así, la Biblia usa el lenguaje popular, no el de la filosofía. Generalmente, concebimos la eternidad de Dios de la misma manera, es decir, como duración infinita prolongada tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Pero ese solamente es un modo popular y simbólico de representar lo que en realidad trasciende el tiempo y difiere de él esencialmente. La eternidad en el estricto sentido de la palabra se adscribe a lo que trasciende todas las limitaciones temporales (1972, 55)”. 
Hodge agrega al respecto: “…no existe más durante un período de duración que en otro. Para Él no hay distinción entre el presente, el pasado y el futuro; todas las cosas están igualmente y siempre presentes para El. Para El la duración es un eterno ahora. Ésta es la postura popular y la de las Escrituras acerca de la eternidad de Dios. «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios» (Sal 90:2). Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán (Sal 102:25-27). Él es el Alto y Sublime, el que habita la eternidad (Os 57: 15). Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mi no hay Dios» (Is 44:6). Mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó (Sal 90:4)” (Hodge, Charles. 1991, 285).
“La infinitud de Dios puede también contemplarse con relación al espacio, y entonces se  llama su inmensidad. Puede definirse como aquella perfección del Ser divino por medio de la cual trasciende todas las limitaciones espaciales) y sin embargo está presente en cada  sitio del espacio con todo su Ser. La Inmensidad tiene un lado negativo y otro positivo; le niega todas las limitaciones espaciales al Ser divino y afirma que Dios está sobre el espacio y llena  cada sitio de éste con toda la plenitud de su Ser”.  
La infinitud de Dios, por lo que concierne al espacio, incluye su inmensidad y omnipresencia. Estos no son dos atributos diferentes, sino uno y el mismo considerado bajo diferentes aspectos. Su inmensidad es la infinitud de su ser, contemplado como perteneciente a su naturaleza desde la eternidad. El llena la inmensidad con su presencia. Su omnipresencia es la infinitud de su ser, contemplada en relación con sus criaturas. Él está igualmente presente con todas sus criaturas, en todo tiempo y lugar. Él no está lejos de ninguno de nosotros. «El Señor está aquí» se puede decir con toda veracidad y confianza, en todas partes (Hodge, 1991. 284).
Espíritu inmutable, decir que Dios es inmutable sencillamente nos lleva a pensar en que en Dios no hay cambio ni sombra de variación (Mal 3:6, Sant 1:17), siempre ha sido y es el mismo, no aumenta ni disminuye en sus atributos, decretos o deidad, nuestros teólogos de cabecera dicen de este atributo: “La inmutabilidad de Dios es necesaria concomitante de su Aseidad. La inmutabilidad es aquella perfección por medio de la cual, Dios se despoja de todo cambio no solamente en su Ser, sino también en sus perfecciones, propósito y promesas. En virtud de este atributo queda exaltado sobre todos los sucesos, y está libre de todo aumento o disminución, de todo crecimiento o decadencia en su Ser y en sus perfecciones (Berkhof. 1972, 53); Hodge agrega: “Como un Ser infinito y absoluto, existente en sí mismo y totalmente independiente, Dios está exaltado sobre todas las causas de e incluso sobre la posibilidad de cambio. El infinito espacio y la infinita duración no pueden cambiar. Tienen que ser siempre lo que son. Así es Dios absolutamente inmutable en su esencia y atributos. Él no puede ni aumentar ni decrecer. No está sujeto a ningín proceso de desenvolvimiento, ni evolución del YO. Su conocimiento y poder nunca pueden ser ni mayores ni menores. Nunca puede ser más sabio ni más santo, ni más justo ni más misericordioso de lo que siempre ha sido y siempre ha de ser. Y no es menos inmutable en sus planes y propósitos: Infinito en sabiduría, no puede haber error en su concepción de lo mismos; Infinito en poder, no puede haber fallo en el cumplimiento de los mismos” (Hodge. 1991. 288).  GRUDEM: Podemos definir la inmutabilidad de Dios como sigue: Dios es inalterable en su ser, peifecciones, propósitos y promesas, y sin embargo Dios en efecto actúa y siente emociones, y actúa y siente en forma diferente en respuesta a situaciones diferentes (166. 1994).
Los tres teólogos apuntan al mismo blanco, y afirman lo que la Escritura ha dicho, Dios es el mismo de la antigüedad, el mismo del presente y será el mismo en el futuro en su ser, naturaleza y perfecciones.
La Confesión de Westminster es además rica y preciosa al decir que Dios es infinito, eterno e inmutable en todo lo que se refiere a: su conocimiento y sabiduría. Su voluntad, esto es, su poder, santidad, justicia, bondad y verdad.
Culmino con lo que dice de Dios la Confesion Bautista de 1689 en su capítulo 2, párrafo 1: No hay sino un solo Dios, el único viviente y verdadero. (1) Existe por si mismo (2) y es infinito en su ser y perfecciones. Su esencia no puede ser comprendida. (3) El es espíritu purísimo, (4) invisible, sin cuerpo, miembros o pasiones. Solo él posee inmortalidad y habita en luz inaccesible; (5) quien es inmutable, (6) inmenso, (7) eterno, (8) incomprensible, todopoderoso, (9) e infinito. Es santo, (10) sabio, libre, absoluto, que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad (que es inmutable y justísima) (11) y para su propia gloria. (12) También Dios es amoroso, benigno y misericordioso, longánimo, abundante en bondad y verdad, perdonando toda iniquidad, transgresión y pecado, galardonador de todos los que le buscan con diligencia, (13) y sobre todo muy justo y terrible en sus juicios, (14) que odia todo pecado (15) y que de ninguna manera dará por inocente al culpable (16).
(1) 1 CO 8:4-6 Dt 6:4  (2) Jer 10:10, Is. 48:12  (3) Ex 3:14  (4) Jn 4:24,  (5)1 Ti 1:17; Dt 4:15,16  (6) Mal. 3:6;  (7)  1 R. 8:27; Jer.23:23,24,  (8) Sal 90:2  (9) Gn. 17:1  (10) Is 6:3  (11)  Sal 115:3; Is 46:10  (12) Pr. 16:4 Ro 11:36  (13) Ex 34:6,7; He 11:6  (14) Neh. 9:32,33  (15) Sal. 5:5,6  (16) Ex. 34:7; Nah. 1:2,3.
FUENTES:
BERKHOF, LUIS.  Teología sistemática.  Grand Rapids, Michigan. W.B. Eerdman Publishing Co.  1972.  964 p.
GRUDEM, Wayne.  Teología sistemática.  Miami : Vida, 1994.  1368 p.
HODGE, Charles. Teología sistemática.  Vol I. Barcelona : CLIE, 1991.  672 p.

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