CONOCIENDO
A DIOS
Todo
cristiano, si es fiel a lo que ello significa, ha de ser una persona que se
entrega profunda y seriamente a conocer a Dios.
Si no se conoce a Dios en lo que Él
ha revelado de Sí mismo, no podemos decir que llevaremos una vida firme
en la fe, y también es cierto que, el que no conoce a Dios no se puede conocer
a sí mismo.
Pero
conocer a Dios implica saber quien es él, de qué está hecho, cuál es su
esencia, lo que nos queda imposible.
Porque, por un lado, conocer a Dios desde nuestra realidad limitada y en
una condición de pecado, no se logra y, por otro lado, lo que conocemos de Dios
se logra en parte, desde Lo que quiso revelar en Su palabra de Sí mismo, esto
es lo cognoscible, y en ello no está lo arquetípico de Su ser. “Lutero habla repetidamente de Dios como del
"Deus Absconditus (el Dios escondido) para distinguirlo del Deus Revelatus
(el Dios revelado). En algunos pasajes hasta habla del Dios revelado, como que
aún está escondido, en vista del hecho de que no podemos conocerlo plenamente
ni siquiera por medio de su revelación especial” (Berkhof, L. 1972, p. 32).
Lo que
se puede conocer de Dios es porque Este lo ha comunicado, por tal motivo el hombre no se quedó pasivo frente al saber
de Su creador, si Dios se descubre al hombre de la fe, hay que abordar y
apropiarse de Su verdad en el Espíritu (y siempre el trabajo de darse a conocer
es de Dios y lo hace dinámicamente en su revelación especial: La Escritura),
aquí es donde Berkhof (1972, 32) dice que la teología es posible. Entonces, las
dos limitaciones anteriores no le detuvieron en la labor de adentrarse en el
Eterno y Sublime, busca conocer a Dios” desde su particular condición, ha hecho
un esfuerzo, y a la pregunta, ¿Qué es Dios? Da una respuesta sencilla,
profunda y hermosa, aunque no completa del ser de Dios, pero en la que se puede
entender “algo” de Dios: “Dios es un Ser existente en sí mismo y necesario; y
se afirma de Él: I. Que Él es un Espíritu. II. Que como tal Él es infinito,
eterno e inmutable. III Que Él es infinito, eterno e inmutable, (1) En su ser.
(2) En todo lo que pertenece a su inteligencia, esto es, en su conocimiento y
sabiduría. (3) En todo lo que pertenece a su voluntad, esto es, su poder, santidad,
justicia, bondad y verdad.” (Catecismo de Westminster, pregunta 7). Pero que significan los términos de la
confesión:
Dios es existente en Sí mismo y necesario, lo
primero se conoce con el nombre de aseidad, Dios existe en sí
mismo, es autoexistente, la razón última de las cosas, nada ni nadie le dieron
origen y aunque pudiera decirse que él es la causa de él mismo, generaría
problemas, porque Dios no tiene causa. Esto
no es sino que Dios no necesita nada ni
a nadie, depende de Sí. Dios es el único ser que tiene vida en Sí mismo (Jn 1:4 “en él estaba la vida”; Jn
5:26 “Porque como el Padre tiene vida en
sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”; Sal 36:9 “Porque contigo está el manantial de la vida”; Hechos
17:25 “ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo;
pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”.). Berkhof
anota que para los reformados este atributo es denominado independencia (1972,
32), Grudem, Wayne (1994, 164) anota que
“Dios por su aseidad o independencia no nos necesita a nosotros ni a nada del
resto de la creación, sin embargo nosotros y el resto de la creación podemos
glorificarle y proporcionarle gozo. A este atributo de Dios a veces se le llama
existencia propia o aseidad (de las palabras latinas a se que quieren decir de
sí mismo». Y en cuanto a “necesario” hay
que agregar con Berkhof que “Él existe por la necesidad de sí propio y por
tanto, necesariamente. El hombre, al contrario, no existe necesariamente, y
tiene la causa de su existencia fuera de sí mismo” (1972, 67).
Dios es Espíritu, eterno e
inmutable… Dios es Espíritu dijo Jesús a la samaritana (Juan 4:24), dice
Berkhof: “Dios tiene un Ser real, enteramente original y distinto del mundo, y
que este Ser, verdadero o real, es inmaterial, invisible, y sin composición o extensión.
En la espiritualidad se incluye el
pensamiento de que todas las cualidades esenciales que pertenecen a la idea
perfecta del Espíritu se encuentran en Dios; y que El es un Ser consciente por
sí y determinado por sí. Puesto que es Espíritu en el más absoluto y en el más
puro sentido de la palabra, no hay en El composición de partes.” (1972, 62).
Por todo esto, no podemos ver a
Dios en su gloria, no podemos imaginarnos a Dios, hacerlo por analogía seria un
error demasiado grande, porque nada hay que se compare con Él, conocemos lo que
podemos abarcar con nuestro intelecto, pero para nosotros es imposible abarcar
lo inabarcable, el trabajo de tener una imagen global de Dios es tarea perdida,
abstraer a Dios para representarlo nos queda demasiado grande, sobre todo
cuando no lo tenemos todo de Su ser en la Biblia, conocemos parte de lo que
Dios es y ese conocimiento revelado es verdad, solo que no se halla
completo. Dios Espíritu es asomático,
intangible, no percibible con los ojos del cuerpo, supera lo terrenal, trasciende
la representatividad material. Esta idea
excluye toda limitación espacial, tamaño
o dimensiones definidas. Dice Grudem,
Wayne: “Así que Dios no tiene un cuerpo físico, ni tampoco está hecho de
materia como el resto de la creación. Todavía más, Dios no es energía,
pensamiento ni ningún otro elemento de la creación. Él no es como vapor,
neblina, aire ni espacio, todos los cuales son cosas creadas; el ser de Dios no
se parece a nada de esto. El ser de Dios ni siquiera es exactamente como
nuestro espíritu, porque este es algo creado que evidentemente puede existir
sólo en un lugar a la vez. En lugar de todos estos conceptos acerca de Dios,
debemos decir que Dios es espíritu. Signifique lo que signifique, es una clase
de existencia diferente a todo lo demás de la creación. Es una clase de
existencia muy superior a toda nuestra existencia material… La espiritualidad
de Dios quiere decir que Dios existe como un ser que no está hecho de materia
alguna, no tiene ni partes ni dimensiones, nuestros sentidos corporales no lo
pueden percibir, y es más excelente que cualquier otra clase de existencia” (1994,
192).
Pero es Espíritu infinito, Berkhor,
Grudem y Hodge consideran que este atributo hace de Dios un ser que se halla
libre de toda limitación, no esta limitado por el universo, por el tiempo, por
el espacio. Orr dice: "Quizá
podemos decir que la infinidad en Dios es finalmente: (a) interna y
cualitativamente, ausencia de toda limitación y defecto; (b) ilimitada
potencialidad". En este sentido de
la palabra la infinidad de Dios es simplemente idéntica con la perfección del
Ser Divino. La prueba escritural de lo anterior se encuentra en Job 11: 1 10;
Sal 145: 3; Mat. 5: 48.
Berkhof y Grudem se igualan al
decir que: La infinidad o Infinitud en relación con el tiempo se llama
eternidad. Y agrega Berkhof: “La forma en que la Biblia describe la eternidad
de Dios es simplemente diciendo que su duración abarca edades sin fin. Sal 90:
2; 102: 12; Ef. 3: 21. Debemos recordar, sin embargo, que al hablar así, la
Biblia usa el lenguaje popular, no el de la filosofía. Generalmente, concebimos
la eternidad de Dios de la misma manera, es decir, como duración infinita
prolongada tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Pero ese solamente es un
modo popular y simbólico de representar lo que en realidad trasciende el tiempo
y difiere de él esencialmente. La eternidad en el estricto sentido de la
palabra se adscribe a lo que trasciende todas las limitaciones temporales
(1972, 55)”.
Hodge agrega al respecto: “…no
existe más durante un período de duración que en otro. Para Él no hay
distinción entre el presente, el pasado y el futuro; todas las cosas están
igualmente y siempre presentes para El. Para El la duración es un eterno ahora.
Ésta es la postura popular y la de las Escrituras acerca de la eternidad de
Dios. «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el
siglo y hasta el siglo, tú eres Dios» (Sal 90:2). Desde el principio tú
fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú
permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido
los mudarás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán
(Sal 102:25-27). Él es el Alto y Sublime, el que habita la eternidad (Os 57:
15). Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mi no hay Dios» (Is
44:6). Mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó (Sal
90:4)” (Hodge, Charles. 1991, 285).
“La infinitud de Dios puede
también contemplarse con relación al espacio, y entonces se llama su inmensidad. Puede definirse como
aquella perfección del Ser divino por medio de la cual trasciende todas las
limitaciones espaciales) y sin embargo está presente en cada sitio del espacio con todo su Ser. La
Inmensidad tiene un lado negativo y otro positivo; le niega todas las
limitaciones espaciales al Ser divino y afirma que Dios está sobre el espacio y
llena cada sitio de éste con toda la
plenitud de su Ser”.
La infinitud de Dios, por lo que
concierne al espacio, incluye su inmensidad y omnipresencia. Estos no son dos
atributos diferentes, sino uno y el mismo considerado bajo diferentes aspectos.
Su inmensidad es la infinitud de su ser, contemplado como perteneciente a su
naturaleza desde la eternidad. El llena la inmensidad con su presencia. Su
omnipresencia es la infinitud de su ser, contemplada en relación con sus
criaturas. Él está igualmente presente con todas sus criaturas, en todo tiempo
y lugar. Él no está lejos de ninguno de nosotros. «El Señor está aquí» se puede
decir con toda veracidad y confianza, en todas partes (Hodge, 1991. 284).
Espíritu inmutable, decir que
Dios es inmutable sencillamente nos lleva a pensar en que en Dios no hay cambio
ni sombra de variación (Mal 3:6, Sant 1:17), siempre ha sido y es el mismo, no
aumenta ni disminuye en sus atributos, decretos o deidad, nuestros teólogos de
cabecera dicen de este atributo: “La inmutabilidad de Dios es necesaria
concomitante de su Aseidad. La inmutabilidad es aquella perfección por medio de
la cual, Dios se despoja de todo cambio no solamente en su Ser, sino también en
sus perfecciones, propósito y promesas. En virtud de este atributo queda
exaltado sobre todos los sucesos, y está libre de todo aumento o disminución,
de todo crecimiento o decadencia en su Ser y en sus perfecciones (Berkhof. 1972,
53); Hodge agrega: “Como
un Ser infinito y absoluto, existente en sí mismo y totalmente independiente,
Dios está exaltado sobre todas las causas de e incluso sobre la posibilidad de
cambio. El infinito espacio y la infinita duración no pueden cambiar. Tienen
que ser siempre lo que son. Así es Dios absolutamente inmutable en su esencia y
atributos. Él no puede ni aumentar ni decrecer. No está sujeto a ningín proceso
de desenvolvimiento, ni evolución del YO. Su conocimiento y poder nunca pueden
ser ni mayores ni menores. Nunca puede ser más sabio ni más santo, ni más justo
ni más misericordioso de lo que siempre ha sido y siempre ha de ser. Y no es
menos inmutable en sus planes y propósitos: Infinito en sabiduría, no puede
haber error en su concepción de lo mismos; Infinito en poder, no puede haber
fallo en el cumplimiento de los mismos” (Hodge. 1991. 288). GRUDEM: Podemos definir la inmutabilidad de
Dios como sigue: Dios es inalterable en su ser, peifecciones, propósitos y
promesas, y sin embargo Dios en efecto actúa y siente emociones, y actúa y
siente en forma diferente en respuesta a situaciones diferentes (166. 1994).
Los tres teólogos apuntan al mismo blanco, y afirman
lo que la Escritura ha dicho, Dios es el mismo de la antigüedad, el mismo del
presente y será el mismo en el futuro en su ser, naturaleza y perfecciones.
La Confesión de Westminster es además rica y
preciosa al decir que Dios es infinito, eterno e inmutable en todo lo que se
refiere a: su conocimiento y sabiduría. Su voluntad, esto es, su poder,
santidad, justicia, bondad y verdad.
Culmino con lo que dice de Dios la Confesion
Bautista de 1689 en su capítulo 2, párrafo 1: No hay sino un solo Dios, el
único viviente y verdadero. (1) Existe por si mismo (2) y es infinito en su ser
y perfecciones. Su esencia no puede ser comprendida. (3) El es espíritu
purísimo, (4) invisible, sin cuerpo, miembros o pasiones. Solo él posee
inmortalidad y habita en luz inaccesible; (5) quien es inmutable, (6) inmenso, (7)
eterno, (8) incomprensible, todopoderoso, (9) e infinito. Es santo, (10) sabio,
libre, absoluto, que hace todas las cosas según el consejo de su propia
voluntad (que es inmutable y justísima) (11) y para su propia gloria. (12)
También Dios es amoroso, benigno y misericordioso, longánimo, abundante en
bondad y verdad, perdonando toda iniquidad, transgresión y pecado, galardonador
de todos los que le buscan con diligencia, (13) y sobre todo muy justo y
terrible en sus juicios, (14) que odia todo pecado (15) y que de ninguna manera
dará por inocente al culpable (16).
(1) 1 CO 8:4-6 Dt 6:4 (2) Jer 10:10, Is. 48:12 (3) Ex 3:14 (4) Jn 4:24, (5)1 Ti 1:17; Dt 4:15,16 (6) Mal. 3:6; (7) 1
R. 8:27; Jer.23:23,24, (8) Sal
90:2 (9) Gn. 17:1 (10) Is 6:3 (11) Sal 115:3; Is 46:10 (12) Pr. 16:4 Ro 11:36 (13) Ex 34:6,7; He 11:6 (14) Neh. 9:32,33 (15) Sal. 5:5,6 (16) Ex. 34:7; Nah. 1:2,3.
FUENTES:
BERKHOF, LUIS.
Teología sistemática. Grand Rapids,
Michigan. W.B. Eerdman Publishing Co. 1972. 964 p.
GRUDEM, Wayne. Teología
sistemática. Miami : Vida, 1994. 1368 p.
HODGE, Charles. Teología sistemática. Vol I. Barcelona : CLIE, 1991. 672 p.
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